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5 beneficios para tu belleza al tomar una ducha de agua fría

Durante la estación de invierno preferimos bañarnos con agua tibia, para no resfriarnos o simplemente porque nos gusta esa sensación. Pero, el darnos duchas con agua fría tiene más beneficios que ayudan no solo a nuestra salud, sino también a nuestra belleza.

Con la llegada de las termas pues la mayoría de nosotros solo queremos agua caliente, y hasta algunos la usan todo el tiempo. Un poco exagerado, porque en temporada fría se entiende. Asimismo, el valor de los baños fríos viene desde tiempos pasados, ya que eran usados como tratamiento natural para la salud y bienestar general.

Se dice que los “Espartanos” se despertaban de sus camas, hacían ejercicios y después se tomaban un baño frío, para reactivar todo su cuerpo. Además, pensaban que el agua tibia era para los débiles.

Pero quitando el tema de la historia te explicamos porque es bueno para nuestra belleza:

Mantiene la belleza de tu piel: Las duchas con agua fría colaboran con la belleza de tu piel, a diferencia del agua tibia o caliente que tiende a resecarla. El agua fría, por su parte, sella los poros de la piel, y evita que se forme demasiado sebo y el cutis se torne mucho más grasoso.

Embellece tu cabello: Luego de tomar una ducha fría, tu cabello se verá mucho más brillante, fuerte y saludable, pues se aplanarán los folículos pilosos y se producirá un incremento de su capacidad de agarre en el cuero cabelludo.

Mejora la circulación: Las duchas de agua fría son una manera muy eficaz de mejorar la circulación sanguínea. Esto previene la aparición de las venas varicosas y reduce las que ya están presentes en la piel, debido a que constriñe las venas disminuyendo también su tamaño. Esto hará que tus piernas se vean mucho más bellas.

Te ayuda a despertar con más energía: No hay nada mejor que tomar una ducha de agua fría por la mañana para estimular el sistema inmune y estar lista para empezar el día con toda la energía.

Estimula la pérdida de peso: El cuerpo humano contiene dos tipos diferentes de tejido graso. Primero está el que se acumula cuando consumimos muchas más calorías de las que nuestro cuerpo necesita y se concentra en el abdomen, en las piernas y en los glúteos, y es difícil de eliminar.

Durante el invierno la piel es muchas veces quien lleva las de perder. Esto sucede porque se reseca, producto de un ambiente más hostil. Las bajas temperaturas, la calefacción y la baja humedad en el ambiente son algunas de las causantes de que no se vea saludable. Los signos más visibles son labios secos, manos y uñas maltratadas, sequedad en el rostro y picazón en las piernas, entre otros.

Beber poca agua y no exponerse al sol genera una deficiencia en el consumo de vitaminas A y E, otro de los factores que profundizan aún más este problema.

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